Maternidad y desarrollo profesional: de la culpa al equilibrio

¿Cómo positivizar la culpa que suele estar presente cuando se intenta conjugar el trabajo y la maternidad? En esta nota te compartimos algunas claves.

Desde el momento en que nos convertimos en madres y decidimos o necesitamos seguir trabajando, el convivir con la culpa –ese sentimiento por dejar unas horas a nuestros hijos con otra persona, y por el que muchas veces dejamos de disfrutar aquello que tanto esfuerzo nos costó– nos invita a tener una conversación con nosotras mismas, en pos del equilibrio que buscamos alcanzar entre la realización profesional y el tiempo de calidad con la familia que formamos o estamos por formar.

Para ello, tomar un rol activo suele ser una herramienta valiosa, y acá te brindamos algunos de sus posibles puntos de partida:

  • Recordar que “todo no se puede” y elegir, en consecuencia, de acuerdo con lo que te brinde mayor satisfacción.

Siendo que las decisiones son imperfectas, siempre habrá algo que ganar y que te acerque hacia el objetivo que te propongas, pero también algo que perder, en el sentido de tener que resignar aquello que finalmente no elegiste. Es decir, si decidís trabajar o si necesitás hacerlo, no vas a poder estar las horas que trabajes con tus hijos y, si decidís estar todo el día con tus hijos, no vas a poder trabajar fuera del hogar –más allá del enorme trabajo que la familia representa–. Por ello, maximizar la ganancia de tu decisión en pos de aquello que tendrá que ver con tu realización futura y, al mismo tiempo, minimizar la pérdida de aquello que inevitablemente debés soltar, es una forma de encausar la culpa hacia aquello que finalmente elijas, y que tendrá que ver con lo que mayor satisfacción te aporte.

  • Confiar en que, con el tiempo, todo va tomando el curso que deba tomar. 

El famoso “nada es para siempre” bien aplica a los primeros tiempos de transitar la culpa por intentar conciliar ambos mundos. A medida que dejes correr la realidad, vas a ir tomando perspectiva y construyendo confianza en pos de aquello que hayas elegido y, poco a poco, vas a poder darte el espacio para disfrutarlo. ¿Cuántas veces algo que te parecía imposible, mirando de un tiempo atrás, resultó ser algo más o menos manejable? ¿Cuántas veces, ante una situación que te ponía a prueba demostraste que eras capaz de resolverla? ¿Cuántas veces aquello que te detenía resultó ser un disparador de algo aún mejor? Pensar en aquellas situaciones que pudiste gestionar más allá de la complejidad que representaban en un comienzo puede ser una buena fuente de confianza y resiliencia para la realidad a transitar.

  • Saber decirte que sí y saber decir que no a otros, recordando que el tiempo es finito, y que así debe administrarse.

¿Cuántas veces sucede que se te hace difícil poner en práctica aquello que decidiste, aun si visualizabas que eso te iba a traer un mayor disfrute? ¿Cuántas veces postergaste tus deseos en pos del deseo o las necesidades de otros por decir “sí” cuando deberías decir “no”? ¿Y cuántas veces dejás de disfrutar del tiempo de calidad con tus hijos o de la profesión en la que elegiste desarrollarte por llenarte de tareas que poco valor te aportan? Saber poner límites, hablarse y hablarles a otros con claridad respecto de lo que podés y deseás gestionar y respecto de aquello para lo que necesitás la ayuda de otros, se vuelve fundamental. Hacer el ejercicio de evaluar qué ganás y qué perdés diciendo que sí y qué diciendo que no –cuando lo amerite– es una buena manera de visualizar y poner en perspectiva aquello que se te presente, para ver si efectivamente suma hacia el equilibrio que buscás o si te aleja de él.

  • Armar equipos que te potencien y colaboren en tu tiempo de calidad.

Si estás en pareja, es importante que planifiquen juntos el tiempo que vas a destinarle a tu trabajo y el que vas a dedicarle a tu plano personal –en el que la familia suele tener un protagonismo importante–, para asegurarse de que cada uno tenga espacio para disfrutar de ambas esferas. Armar un cronograma de actividades semanales en el que se plasmen los terrenos profesionales, familiares y personales permite llegar a acuerdos en relación a lo que cada uno tomará como propio y lo que delegará en el otro. Y respetarlos y hacerlos respetar es una forma de lograr que las actividades que detallen allí se plasmen en acciones concretas en pos del equilibrio que va a disfrutar cada uno. 

Si no estás en pareja, para que la realidad de madre se conjugue con tu desarrollo de carrera, se vuelve aún de mayor importancia pensar en quiénes serán tu red de soporte. De esta manera, podés asegurarte de que aquello que no consigas o desees manejar vos pueda ser resuelto por alguna otra persona que te libere tiempo en función de lo que decidas que importa.

  • Finalmente, revisar con cierta periodicidad aquello que elegiste como TU equilibrio. 

Hacer un balance entre lo que definiste y lo que finalmente está resultando te permitirá tener una brújula de aquello que necesite hacerse de otra manera, de aquello que tengas que delegar en otra persona o, incluso, de todo lo que que ya no tenga sentido que te insuma tiempo. Además, te va a dar una idea de aquello que debería tener un lugaren tu día a día y por algún motivo no está presente. En definitiva, es solo tu mirada del resultado de tu gestión del tiempo lo que le dará el visto bueno o no al equilibrio que percibas que está sucediendo, o la que dará espacio a los cambios que deban hacerse.

Darte un espacio para conectarte con tus propios interrogantes en pos de tu realización y deseo se vuelve fundamental para que el equilibrio que proyectes pueda conjugar con tu realidad del día a día. Sin esto, va a ser difícil que puedas encontrarte cómoda en aquello que te haga sentir realizada –tanto desde tu rol de mujer profesional como el de madre– y que puedas hacer valer lo que finalmente elijas. Es verdad que no es sencillo despojarse de lo establecido y, más aún, desafiar esa culpa nutrida por el “deber ser” y la falta de espacio para los propios sentimientos, pero te aseguro que hacer el intento de vivir en tu propio equilibrio te dará un aire de orgullo y satisfacción que valen la pena.

Espero que esta nota te haya sido de utilidad y ¡muchas gracias por compartirla!

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POR: Silvina Prekajac
Licenciada en Comercialización y en Administración de Empresas por la Universidad Argentina de la Empresa. Cuenta con un postgrado en Management del IAE (Escuela de Dirección y Negocios de la Universidad Austral). Es Mentora acreditada por la Red Global de Mentores, está certificada en Coaching y Mentoring por la Escuela de Management y Liderazgo de la Universidad de Cambridge, y es autora del libro “Estoy embarazada. ¿Cómo sigue mi carrera profesional? Estrategias para potenciar maternidad y trabajo”.
Luego de más de 15 años en compañías multinacionales de primera línea, decidió fundar GivingBirth, la primera consultora de mentoreo de Argentina concebida para convertir la barrera que representa la maternidad para el desarrollo de carrera de la mujer en una experiencia de liderazgo diferencial, y que se ha expandido para sinergizar su aporte en vistas de una mayor representatividad femenina en puestos de decisión.

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